agosto 13, 2025
Source: Web Hispania
«Si los británicos nos hubieran colonizado»
Es una frase que circula con una mezcla de ingenuidad y resentimiento histórico, sobre todo en las redes sociales y en tertulias superficiales. La idea subyacente es que el dominio británico supuestamente habría traído más prosperidad que el dominio español.
Pero los datos dicen lo contrario. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en sus estadísticas de 2024, nos ofrece una radiografía del mundo actual: de los 50 países más pobres del planeta, ni uno solo fue provincia española. Por el contrario, abundan las antiguas colonias del Reino Unido, Francia, Portugal y Bélgica.
Este contraste no es casual. No es una mera cuestión de geografía o suerte, sino de la naturaleza fundamentalmente diferente de los proyectos imperiales.
Imperios generadores frente a imperios depredadores
La diferencia clave entre el Imperio español y otros modelos coloniales radica en el estatus jurídico y moral otorgado a los pueblos que incorporó.
Para la Monarquía española, los habitantes de América, Filipinas y otros territorios no eran meros recursos a explotar: eran súbditos del rey y, por tanto, parte del mismo cuerpo político que los nacidos en Castilla o Aragón. Esta visión, consagrada en leyes y reales decretos a partir del siglo XVI, significaba que la Corona asumía responsabilidades para con ellos.
Por el contrario, los imperios depredadores (británico, belga, holandés, en muchos de sus dominios) trataban a la población local como mano de obra prescindible. Cuando ésta se agotaba o desaparecía por las duras condiciones, era sustituida por mano de obra esclava importada de otros continentes. No eran ciudadanos, sino «nativos» sujetos a un código legal independiente, sin representación ni derechos políticos en la metrópoli. Las infraestructuras se limitaban a lo necesario para extraer materias primas y enviarlas a Europa.
El resultado fue que, al independizarse, las antiguas colonias españolas heredaron redes urbanas, puertos, sistemas educativos y marcos jurídicos propios; mientras que muchas antiguas colonias de otros imperios empezaron prácticamente de cero.
El caso español
La Monarquía Hispánica integró sus territorios de ultramar como reinos y provincias, con sus propias instituciones: virreyes, audiencias y cabildos. Entre los siglos XVI y XIX:
- Se fundan ciudades como Ciudad de México, Lima, Bogotá y Manila.
- Se crean universidades (Santo Tomás en Manila; San Marcos en Lima; Ciudad de México; Córdoba).
- Se creó una amplia red de hospitales que brindaron acceso a la sanidad a un gran espectro de la población.
- Una red de caminos reales facilitó las conexiones internas.
- El castellano unificó enormes bloques administrativos.
- Un sistema jurídico los consideraba súbditos, en teoría con derechos ante la Corona.
Un rasgo único en la historia colonial es que la propia conquista se detuvo para debatir públicamente su legitimidad y el trato a los indígenas. Entre 1550 y 1551, en el Debate de Valladolid, figuras como fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda discutieron ante juristas y teólogos si era moral y legal someter a los pueblos indígenas.
Este debate no surgió de la nada: pertenece a la tradición de la Escuela de Salamanca (Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta…), que sentó las bases del derecho internacional moderno y defendió principios como:
- La dignidad intrínseca de todos los pueblos.
- Los derechos naturales y la soberanía originaria de las comunidades indígenas.
- Los límites morales y jurídicos de la guerra y la colonización.
Aunque las conclusiones de Valladolid no siempre se aplicaron en la práctica, el episodio y su marco intelectual revelan un imperio que, al menos en el plano jurídico y moral, ponía límites y reconocía derechos a sus nuevos súbditos, algo impensable en los modelos coloniales depredadores del Reino Unido, Bélgica u Holanda.
Esto no era mera teoría: ilustres viajeros extranjeros lo vieron en la práctica. Alexander von Humboldt, tras visitar Ciudad de México a principios del siglo XIX, escribió:
«Ninguna ciudad del nuevo continente, sin exceptuar siquiera las de Estados Unidos, puede ostentar tan grandes y sólidos establecimientos científicos como la capital de México. Me contentaré aquí con nombrar la Escuela de Minas, dirigida por el erudito Elhuyar… el Jardín Botánico; y la Academia de Pintura y Escultura».
Describió La Habana como:
«De todas estas grandes ciudades la habanera es la que más se parece a las de Europa en costumbres, refinamientos del lujo y tono de la sociedad».
Estas observaciones demuestran que las capitales del mundo hispánico no eran meros puestos avanzados administrativos o militares, sino centros urbanos comparables -y en algunos casos superiores- a muchas ciudades europeas de su época. Este entramado urbano, educativo y cultural no fue casual: fue la consecuencia directa de un modelo imperial que veía sus territorios ultramarinos como una extensión integral de la propia nación.
Este marco significaba que, tras la independencia, los nuevos estados no partían de cero, sino con una sólida base institucional, urbana y cultural.
El contraste con otros modelos coloniales
Los datos del FMI para 2025 muestran un patrón sorprendente: ninguno de los 50 países más pobres del mundo en la actualidad fueron provincias españolas. Por el contrario, la gran mayoría estuvieron bajo dominio británico, francés, belga o portugués.
Esta diferencia no es un mero accidente geográfico o «suerte histórica». Se debe a modelos coloniales muy diferentes: mientras que el modelo hispánico integró territorios en una red urbana, institucional y cultural que permitió cierto grado de cohesión y desarrollo interno, otros imperios europeos aplicaron sistemas orientados casi exclusivamente a la extracción de recursos, con escasa o nula reinversión local.
| Potencia | Número de excolonias en el grupo de los 50 más pobres |
| Reino Unido | 18 |
| Francia | 12 |
| Portugal | 8 |
| Bélgica | 3 |
| España | 0 |
El resultado, visible más de un siglo después de la independencia, es que las antiguas provincias españolas de ultramar tienen en general economías más diversificadas y heredaron infraestructuras que, a pesar de las crisis políticas o las desigualdades internas, les permitieron evitar caer en la pobreza extrema. En cambio, muchas ex colonias británicas, francesas, portuguesas o belgas heredaron estructuras frágiles dependientes de monocultivos o de la exportación de materias primas sin valor añadido.
Las cifras actuales no explican todos los matices históricos, pero confirman una tendencia: el modelo hispánico dejó tras de sí una base institucional y urbana que permitió a sus antiguos territorios evitar la pobreza extrema que caracteriza gran parte del legado de otros imperios europeos.
En las siguientes secciones examinaremos casos concretos -en América, África y Asia- que muestran, casi experimentalmente, cómo dos territorios con condiciones naturales similares pueden seguir trayectorias económicas y sociales radicalmente distintas en función del modelo colonial que los configuró.
Contrastes dentro de una misma isla
Un caso paradigmático de modelos coloniales diferentes lo encontramos en la isla de La Española, compartida por Haití y la República Dominicana.
- Misma geografía, clima y recursos naturales.
- Dos legados coloniales radicalmente distintos.
Haití era la colonia francesa más rica del Caribe a finales del siglo XVIII, sostenida casi exclusivamente por el monocultivo de azúcar, café y añil, trabajado por una población de africanos esclavizados. El sistema era intensivo, extractivo y sin reinversión en infraestructuras locales ni desarrollo de la población. La independencia llegó en 1804, tras una guerra devastadora que destruyó las plantaciones, las ciudades y gran parte de la población. Sin diversificación económica ni un marco institucional sólido, Haití quedó atrapado en una pobreza crónica, agravada por la indemnización que Francia le impuso en 1825 a cambio del reconocimiento de la independencia. Hoy figura sistemáticamente entre los países más pobres del mundo.
La República Dominicana, en cambio, heredó de la época española una estructura menos dependiente del monocultivo, con ciudades establecidas, puertos, carreteras y una población mestiza que compartía lazos culturales y lingüísticos comunes. Aunque su historia republicana ha incluido guerras, ocupaciones extranjeras, dictaduras y crisis, partía de una base institucional más diversificada y resistente. Hoy, su PIB per cápita es varias veces superior al de Haití, y su economía se basa en sectores variados como el turismo, los servicios y la industria ligera.
Este contraste, dentro de la misma isla y en idénticas condiciones naturales, es una ilustración casi experimental de cómo el modelo colonial de raíz española -con integración urbana, jurídica y cultural- generó un capital humano y material que permitió un desarrollo sostenido, incluso con retrocesos, frente al modelo puramente extractivo y depredador francés, que dejó un legado estructural de fragilidad y dependencia.
Ejemplos africanos
África ofrece casos igualmente reveladores de lo que dejan tras de sí los imperios depredadores cuando su único objetivo es la extracción de riqueza para la metrópoli.
Congo (Bélgica)
A finales del siglo XIX, el Estado Libre del Congo era administrado como posesión personal del rey Leopoldo II. El objetivo era la explotación intensiva del caucho y el marfil, con un sistema de trabajos forzados que causó millones de muertes y mutilaciones masivas. No se construyó ninguna red urbana ni sistema educativo para la población local; las infraestructuras existían únicamente para extraer recursos hasta el puerto más cercano. Cuando el Congo obtuvo la independencia en 1960, carecía de un sistema administrativo moderno, y su primera generación de licenciados universitarios no llegaba al centenar. Hoy sigue siendo uno de los países más pobres del mundo.
Mozambique (Portugal)
La colonización portuguesa en Mozambique mantuvo un modelo económico centrado en la exportación de materias primas (algodón, azúcar, minerales), con una inversión mínima en educación e infraestructuras para la población local. El analfabetismo superaba el 90% en el momento de la independencia (1975), y las ciudades se concentraban en la costa sin integrarse con el interior. Décadas después, Mozambique sigue figurando entre los países con menor PIB per cápita del planeta.
Sierra Leona (Reino Unido)
Fundada como colonia para el asentamiento de esclavos liberados, su desarrollo estuvo marcado por la explotación de minerales, especialmente diamantes, bajo un sistema que benefició principalmente a las empresas británicas y a las élites locales asociadas. La falta de diversificación económica y de infraestructuras sólidas provocó inestabilidad política y guerras civiles. Hoy, su PIB per cápita es uno de los más bajos de África Occidental.
Guinea Ecuatorial
Independiente desde 1968, heredó de España una capital planificada (Malabo), una red básica de escuelas y hospitales y una tasa de alfabetización muy superior a la de sus vecinos. Su historia política posterior ha estado marcada por la dictadura personalista, pero aun así, el descubrimiento y la explotación del petróleo la han convertido en uno de los países africanos con mayor PIB per cápita. El contraste con Congo, Mozambique o Sierra Leona demuestra que, incluso con graves problemas de gobernanza, el punto de partida español era más sólido que el legado de otros imperios europeos.
Gabón (Francia)
Colonia francesa hasta 1960, Gabón es otro ejemplo de pequeño país africano rico en petróleo. Sin embargo, la explotación siguió el modelo francés de «economía de enclave»: extracción para la exportación, con beneficios concentrados en empresas extranjeras y una élite política local. El resultado es un PIB nominal per cápita relativamente alto, pero con una economía poco diversificada, una fuerte dependencia del crudo y una desigualdad social extrema.
Asia y Pacífico
Filipinas (España)
Bajo administración española durante más de tres siglos, Filipinas desarrolló una red urbana articulada (Manila, Cebú, Iloilo, Vigan…), puertos estratégicos para el comercio transpacífico, universidades como la de Santo Tomás (fundada en 1611) y una lengua común que facilitó la administración y la cohesión social. Los sistemas educativo y sanitario, aunque limitados para los estándares modernos, estaban relativamente extendidos para la época.
Después de 1898, con la soberanía transferida a Estados Unidos, varios indicadores sociales y económicos decayeron, junto con un proceso de «americanización» que desplazó al español como lengua de cultura. La ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial y la posterior agitación política agravaron la fragilidad económica.
Timor Oriental (Portugal)
Bajo dominio portugués hasta 1975, Timor Oriental recibió inversiones mínimas en educación, sanidad e infraestructuras. La economía colonial dependía de las plantaciones de café y sándalo, sin diversificación.
Conclusión
El Imperio español tuvo defectos, conflictos y jerarquías, pero siguió un modelo generativo: integró territorios, construyó ciudades, creó instituciones y buscó la cohesión social. Otros imperios -por diseño- fueron depredadores: explotaron recursos y personas sin sentar las bases de un desarrollo sostenible.
Los resultados son evidentes más de un siglo después:
- Ninguna antigua provincia española figura entre los 50 países más pobres del mundo.
- Muchas antiguas colonias británicas, francesas, portuguesas y belgas siguen atrapadas en la pobreza extrema, con estructuras económicas frágiles y una gran dependencia exterior.
La tan repetida frase «si nos hubieran colonizado los británicos» ignora la realidad histórica y actual. Los datos del FMI muestran que, de haber sido así, muchas naciones hispanoamericanas podrían estar hoy atrapadas en el mismo ciclo de pobreza extrema que marca gran parte del legado colonial británico, francés, portugués o belga.
Lejos de ser un lastre, la herencia institucional, urbana y cultural del mundo hispano dio a nuestros países un punto de partida mucho más sólido. Los problemas a los que se enfrentan hoy se derivan de dinámicas internas y circunstancias posteriores, no de una supuesta inferioridad del legado español.
Fuentes:
- Fondo Monetario Internacional (FMI). Base de datos de Perspectivas de la economía mundial, abril de 2025.
- Visual Capitalist. The World’s Poorest Countries by GDP per Capita in 2025.





